Argentina

CÓMO, DÓNDE Y POR QUÉ: LAS INVERSIONES CHINAS EN AMÉRICA LATINA

La expansión de las inversiones chinas impacta cada vez más fuerte en la región. ¿Qué hay detrás de los acuerdos comerciales? ¿Ya hay consecuencias visibles? ¿Qué pasa con el desarrollo sostenible? La Nueva Ruta de la Seda en América Latina.

Por Gaspar Grieco. Ilustración: Virginia Giannoni. Fotos: Pablo Carrera Oser

Entre 1990 y 2009, las inversiones directas provenientes de China a Latinoamérica fueron de 7.034 millones de dólares, pero desde 2010 a 2015 superaron los 64.000 millones según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Además, en la primera cumbre internacional CELAC-China que se celebró en noviembre de 2015, el presidente chino Xi Jinping manifestó su intención de que las inversiones en la región alcancen los 250.000 millones en los próximos 10 años. Este marcado incremento del interés chino en América Latina muestra el avance de la Nueva Ruta de la Seda, el gran proyecto comercial de conectividad internacional e infraestructura marítima y terrestre entre China y el resto del mundo.

Según un informe elaborado por la investigadora de la Escuela de Política y Gobierno de la UNSAM Luciana Ghiotto, y el economista de la Universidad de Buenos Aires (UBA) Ariel Slipak, el patrón que se observa en la región está basado en la exportación de productos primarios y manufacturas basadas en recursos naturales por parte de los países de América Latina a cambio de manufacturas de medio y alto contenido tecnológico proveniente de China. “La conjunción de estos procesos provoca una reprimarización de varias economías de la región”, advierte el informe.

Pero, ¿qué impacto tienen las inversiones chinas en la región?, ¿qué hay detrás de los acuerdos comerciales?, ¿ya hay consecuencias visibles?, ¿qué pasa con el desarrollo sostenible? Todas estas cuestiones fueron tratadas en la conferencia internacional “Repensando el rol de las inversiones extranjeras y la Nueva Ruta de la Seda en América Latina”, organizada por la UNSAM y el Transnational Institute (TNI) en el Campus Miguelete el lunes 1º y el martes 2 de marzo.

La inversión extranjera directa china se realiza desde sus grandes empresas. Se trata de gigantes en telecomunicaciones, industrias extractivas, energía hidroeléctrica, desarrollo de infraestructura, altas tecnologías y servicios financieros, entre otros rubros. Según el listado de la revista Fortune, 119 de las 500 empresas más grandes del mundo son chinas. Algunas de ellas son Huawei, Sinopec, China Construction Bank, Lenovo y ICBC.

“Los problemas verdaderamente urgentes de las inversiones chinas son los comunes a todos los emprendimientos capitalistas: su interés es extraer ganancias, y no las necesidades humanas o ambientales. Los marcos regulatorios en China están sesgados hacia la protección de los intereses de las empresas y son demasiado débiles para contrarrestar sus efectos destructivos”, criticó el académico australiano Lee Jones.

Por su parte, Sergio Martínez Rivera —del Centro de Estudios China-México de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)— se preguntó: “¿Hasta dónde China es responsable de los impactos negativos? Los gobiernos locales y las legislaciones vigentes de nuestros países son los responsables directos. En esa lógica de atraer inversiones, debemos preguntarnos hasta dónde las necesitamos”.

Impacto profundo

Más allá de los factores comunes que impactan a la región; como la reprimarización de las economías, la guerra comercial entre China y Estados Unidos y la baja en las finanzas internacionales por la pandemia de coronavirus; es necesario identificar las situaciones específicas de algunos de sus países.

“Estamos trabajando activamente en reafirmar nuestras asociaciones estratégicas integrales con China y Rusia”, dijo el presidente Alberto Fernández en la apertura de sesiones del Congreso de la Nación. La Argentina produjo entre 2018 y 2019 alrededor de 54 millones de toneladas de soja, de las cuales más del 80% se exportarán como porotos, aceite, harina y pellets fundamentalmente a China. Al mismo tiempo, el gigante asiático destina sus principales inversiones en la extracción de hidrocarburos del país y en créditos para la construcción de trenes y puertos.

“En soja se ve el condicionamiento de la producción por parte de la demanda. En infraestructura predominan los créditos para construcción de trenes para acelerar el flujo de los productos primarios extractivos y la salida a los puertos. Estos contratos incluyen la contratación de empresas chinas al igual que en los contratos para explotación minera e hidrocarburífera”, dijo el economista de la UBA Ariel Slipak y remarcó: “Hay que entender la lógica del capital chino desde una agenda de los sectores populares”.

Durante la campaña electoral, el presidente brasileño Jair Bolsonaro dijo que China quería “comprar Brasil” y lo acusó de ser un “predador que quiere dominar sectores cruciales de la economía”. Distinto a lo que dijo durante su gira por el país asiático en octubre de 2019. “Una parte considerable de Brasil necesita a China, y China también necesita a Brasil. Brasil es un mar de oportunidades, y queremos compartirlas con China”.

Brasil es el mayor productor de soja en todo el mundo y el 80 % es exportada a China. Para este año, la Compañía Nacional de Abastecimiento prevé una producción de soja récord de 123,2 millones de toneladas. La académica brasilera María Elena Rodríguez contó que las inversiones chinas al gigante latinoamericano están destinadas a infraestructura: “El año pasado el Gobierno brasileño le concedió 13 puertos y este año quieren concederle 15 más. Hay una resistencia muy fuerte en Brasil a estos proyectos de infraestructura china por parte de pueblos originarios”.

En los últimos años, China se convirtió en uno de los principales inversores de Chile en los sectores de energía y litio. Al mismo tiempo, Chile tiene firmados 32 Tratados de Libre Comercio con otros países. “A diferencia del TLC que tenemos con Estados Unidos, el de China es más flexible. Chile todavía tiene espacio para pedir transferencia tecnológica y otras cosas, aunque es poco probable por las pueda desarrollar por la relación comercial que hoy tienen ambos países”, dijo José Miguel Ahumada, académico de la Universidad de Chile.

Por su parte, Bolivia tiene una deuda de 966 millones de dólares con China, la cual representa el 9% del total de la deuda externa boliviana. Pablo Solón, de la Fundación Solón de Bolivia, dio datos contundentes: “En Bolivia exportamos 458 millones de dólares —el 94% en minerales y el resto en madera, alpaca y carne bovina—. Pero importamos 2.075 millones de dólares. Entonces, por cada dólar que vendemos compramos 5, esa la razón del déficit comercial del estado boliviano”.