Bolivia

Empresas chinas en Bolivia: El tercer aspecto de una relación desigual

Observatorio de Inversiones Latinoamericanas, 08 de junio de 2018

Hace tiempo publicamos una nota titulada ¿Quién financia a las empresas chinas en Bolivia?, a raíz de una declaración del embajador de China en Bolivia, Liang Yu, sobre que las empresas chinas estarían ejecutando proyectos por un valor de aproximadamente 7.000 millones de dólares. Esta suma nos llamó la atención por su importancia en comparación, por ejemplo, con el saldo de la deuda que Bolivia tiene con China.

En este marco, nos dimos a la tarea de indagar sobre el tercer gran aspecto que caracteriza las relaciones Sino-Bolivia: la participación de sus empresas en el país. En la presente nota ofrecemos algunas luces para comprender quién financia a estas empresas, que obras ejecutan y que nos dicen estos elementos sobre la relación entre ambos países, en diálogo con nuestros análisis anteriores sobre la deuda externa y el comercio entre Bolivia y China.

No son Inversiones Extranjeras Directas

El primer elemento sobre el que llamamos la atención es que la participación de las empresas chinas en Bolivia no corresponde con la figura de Inversiones Extranjeras Directas. A continuación, explicamos por qué.

A diferencia de la deuda externa, las IED competen a agentes particulares, sobre todo empresas transnacionales, que llevan a cabo inversiones extranjeras en otros países, a través de subsidiarias, empresas asociadas en el país anfitrión, y la creación de sucursales.

Según la definición de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD por sus siglas en inglés), las inversiones extranjeras se definen como: “una inversión que implica una relación a largo plazo y refleja un interés y control duradero de una entidad residente en una economía (inversionista directo extranjero o empresa matriz) en una empresa residente en una economía distinta de la del inversionista directo extranjero” (UNCTAD, 2008:245).

Es decir, para que se pueda hablar de IED, una empresa extranjera debe realizar una inversión para obtener participación y/o control duradero sobre una empresa residente del país anfitrión.

Esto es, para poder considerar una operación transfronteriza como IED, el inversionista directo debe adquirir por lo menos el 10% o más de las acciones de la empresa en la cual invierte y/o la capacidad de voto en la misma. A partir de esto, siguiendo la definición sobre IED del OCDE (2010) y el FMI (Patterson et al., 2004), las siguientes formas de empresas de inversión directa:

  • Subsidiarias: cuando la empresa extranjera adquiere más del 50% del poder del voto en la empresa residente local.
  • Asociadas: cuando la empresa extranjera adquiere entre el 10% y el 50% del poder de voto en la empresa residente local.
  • Sucursal: cuando se trata de una empresa que opera en una economía distinta de la de su país de residencia y que es propiedad al 100% de su respectiva matriz.

En suma, la primera característica de las IED a retener es que se trata de transacciones que competen principalmente a Empresas Transnacionales. De hecho, para el pensamiento económico actual predominante (neoliberal), correlato del capitalismo globalizado, las transacciones de este tipo son la característica fundamental de la economía mundial contemporánea.

Como lo expresa un informe de la CEPAL: “las relaciones entre la IED, las actividades de las [empresas transnacionales] ETNs y el comercio internacional suelen a ser (sic) más complementarias que sustitutivas” (Duran y Ventura-Días, 2003: 9).

Es por ello que, en los reportes preparados por los gobiernos, se diferencia a las IED de, por ejemplo, la deuda externa u otro tipo de transacciones internacionales, que son realizadas entre Estados y/u organismos internacionales públicos. Considerando estas aclaraciones, ¿qué sucede en el caso boliviano?

Siguiendo con lo señalado por los reportes sobre el flujo de capitales externos del BCB, desde 2011, los capitales extranjeros que ingresaron al país fueron principalmente de procedencia europea y latinoamericana. Durante el periodo señalado, los principales flujos de IED provinieron principalmente de España, destinados sobre todo al sector de hidrocarburos; y de Suecia, destinados al sector manufacturero[1].

Lo que nos llama la atención a este respecto es que, en los datos de los reportes, la participación de China en los flujos de IED hacia Bolivia es prácticamente nula. Este dato resulta interesante puesto que las múltiples empresas chinas que operan en Bolivia, ejecutando diversas obras, tiene sucursales y establecen asociaciones temporales.

Sin embargo, los flujos de capitales de estas empresas son mínimos, por ello la participación de este país en las IED es prácticamente nulo, en comparación con su participación en el endeudamiento externo de Bolivia y el comercio exterior.

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Estos datos contrastan con los de nuestros análisis sobre la relación Sino-Bolivia, en lo que respecta a la deuda externa y el comercio exterior. En el presente China se posiciona en el top cinco de los acreedores de Bolivia, y en el top 4 de los socios comerciales, siendo el principal origen de las importaciones bolivianas, pero su participación en los flujos de IED hacia Bolivia no corresponde con estos otros dos aspectos.

Entonces ¿Cómo se explica esta situación? ¿En qué términos se da la participación de las empresas chinas en Bolivia? ¿Quiénes financian a estas empresas?

Inversiones Públicas

En este punto nuevamente recordamos la declaración del embajador de China en Bolivia Liang Yu, cuando dijo que: “La situación verdadera es la siguiente: primero, actualmente el valor de contrato de los proyectos efectuados por las empresas chinas alcanza a casi 7000 millones de dólares. Lo que es diferente a que la deuda externa de Bolivia con China alcance a este monto” (ANF, 2018).

En primera instancia, pensamos que podría estarse refiriendo a las IED de las empresas chinas en Bolivia, ya que más adelante afirma que: “En la actualidad aproximadamente 60 empresas chinas operan en Bolivia, y el valor de contrato de los proyectos alcanza a casi 7000 millones de dólares”. Sin embargo, como mostramos a partir de los datos de los reportes del BCB, la participación de China en los flujos de IED en Bolivia en ínfima, y no alcanza ni al 1%.

Además, en los datos sobre las IED publicados en los informes del Banco Central de Bolivia no existe un detalle de las inversiones por países de origen, ni sobre las empresas y entidades extranjeras que realizan las inversiones, sino que se enfatiza en las proporciones de participación por país.

En una nota que publicamos hace tiempo, planteando la misma pregunta sobre ¿Quién financia a las empresas chinas en Bolivia? Hicimos referencia a un reporte elaborado por The American Enterprise Institute y The Heritage Foundation (2017) sobre las inversiones de China en el extranjero. Según esta publicación el volumen total de las IED chinas en Bolivia, entre 2012 y 2017, llegaría a 4,490 millones de dólares.

Los datos expuestos por estas instituciones, que se refieren a proyectos específicos y a las empresas que los ejecutaron / ejecutarán / ejecutarían, presentan algunos problemas: la mayoría de los montos señalados, ejecutados por empresas chinas, corresponden con montos de los créditos chinos, por lo que no debería contabilizárselos como IED (y, de hecho, el BCB no lo hace).

Además, algunos montos que se refieren a créditos, son montos que todavía no fueron aprobados en Bolivia (como el ítem de Tres Gargantas, que corresponde con la hidroeléctrica de Rositas que todavía no fue aprobado; el ítem del Mutún, que recién fue aprobado en el presente año; o los dos montos de 2017 que todavía no queda claro a qué se refieren). Por lo tanto, estos datos incluyen también intenciones de financiamiento.

Finalmente, por un lado, la mayoría de los montos de inversión china corresponden con los créditos otorgados por este país, lo que implica que no se trata de IED per se. Por otra parte, según los datos del BCB al 31 de marzo de 2018, el saldo de la deuda con China es de 763,4 millones de dólares, y el saldo por desembolsar es de 849,3 millones de dólares, sumando un total de 1.612,7 millones de dólares, entonces no existe una correspondencia ni con la cifra que presenta el informe de The American Enterprise Institute y The Heritage Foundation (2017).

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Sumando el hecho que la participación de China en los flujos de IED a Bolivia, más los datos comentados sobre la deuda externa, queda claro que el financiamiento de las empresas chinas que operan en Bolivia es público. En primera instancia, el financiamiento proviene de los créditos que otorga China al país, a través de sus bancos estatales (Exim Bank y CBD).

Esto aclara aún más la lógica de otorgamiento de créditos de China. En varias ocasiones el presidente boliviano Evo Morales celebró que los créditos de China vienen sin condiciones. Esta es una verdad a medias. Si bien los créditos chinos no imponen las mismas condiciones que, por ejemplo, el BID o el BM (desarrollo de políticas públicas, infraestructura y estándares de ejecución), sí condicionan a los países anfitriones a contratar empresas de procedencia china para ejecutar las obras, o a comprar equipos chinos.

Esta lógica adquiere sentido si se considera que la gran mayoría de las empresas chinas, por no decir la totalidad, que se presentan a las licitaciones públicas para la ejecución de las obras financiadas por los créditos chinos, son estatales. Entonces el Estado chino es prestamista, inversionista y proveedor de bienes de todo tipo y de servicios. De esta manera, el Estado chino se asegura de recuperar su inversión, ademas de recibir beneficios adicionales. Es por ello que sus condiciones parecen más flexibles.

Otros financiamientos públicos

El hecho que la lógica de condicionamiento implícito de los créditos chinos conlleva a asegurar obras para las empresas chinas no resuelve del todo la cuestión de ¿Quiénes financian a las empresas chinas? Nuevamente, el saldo de la deuda -desembolsada y por desembolsar- con este país es de 1.612,7 millones de dólares, una cifra mucho menor a los 7.000 millones señalada por el embajador Yu.

Durante la entrevista que le realizó ANF el embajador señaló que “la fuente del financiamiento de dichos contratos proviene del Gobierno boliviano, las instituciones financieras internacionales, privadas, etc.”. Esto es en gran medida cierto, aunque difícil de comprobar. Para dar cuenta de en qué medida el Estado boliviano y/u otras entidades financieras financian las operaciones de las empresas chinas en Bolivia, inquirimos en los datos del Sistema de Contrataciones del Estado SICOES.

En la revisión que realizamos identificamos 25 proyectos que fueron, son y serán ejecutados por empresas chinas. Algunos son bastante recientes por lo que queda planteada la pregunta de si se los puede considerar en los datos que dio el embajador.

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Estos son los proyectos que pudimos identificar en la base de datos del Sistema de Contrataciones Estatales (SICOES), que han sido, son y serán ejecutados por empresas chinas. Es decir, proyectos contratados y/o adjudicados, entre los años 2013 y 2018. Estos proyectos abarcan diversas áreas: transporte y comunicación, energía, agua, hidrocarburos y minería.

Sin embargo, tan sólo son una parte de los 7.000 millones de dólares de contratos señalados por el embajador Yu. Los veintiséis contratos que identificamos suman 3.265 millones de dólares, al tipo de cambio oficial de 2018. Esta muestra no incluye la contratación con empresa privadas, ni concesiones de explotación minera, ni la compra de equipos encargada a empresa chinas, entre otros campos de operación. Por lo tanto, es muy probable que el monto real efectivamente se aproxime a los 7.000 millones de dólares. Aunque esta cifra no termina de aclararse.

Esta muestra permite comprobar que, efectivamente, la fuente del financiamiento para la mayoría de las obras que ejecutan las empresas chinas en Bolivia proviene tanto del Estado boliviano como de instituciones financieras extranjeras. Estas ejecuciones no se contabilizan como IED, lo cual da cuenta que las empresas chinas no tienen la intención de realizar inversiones duraderas en empresas bolivianas.

El objetivo de las empresas estatales chinas es el de beneficiarse por la ejecución de proyectos concretos, a partir de abrir sucursales en Bolivia y establecer relaciones temporales (asociaciones accidentales, por ejemplo). Es por ello que la participación del país asiático en los flujos de IED es prácticamente nulo.

Qué nos dice esto de las relaciones Sino-Bolivia

En las múltiples notas que hemos elaborado sobre las relaciones entre China y Bolivia, nuestro objetivo ha sido enfatizar en el emplazamiento de una relación desigual. Ahora bien, en cada nota insistimos que los apuntes que realizamos no tienen que ver con, o no apuntan a, estigmatizar a China como la potencia particularmente peligrosa. Lo que nos interesa es demostrar la continuidad de contradicciones estructurales que han caracterizado la historia económica de Bolivia, en lo que respecta a su desarrollo interno y su articulación en el sistema mundial.

En este marco, el análisis de las relaciones Sino-Bolivia es un ejemplo más de una serie larga de relaciones desiguales. Al tratarse de una cuestión estructural, el análisis no puede consistir en la asignación de culpabilidades o la imaginación maniquea de antagonismos. Por lo tanto, el hecho que la relación entre ambos países sea desigual tiene que ver con diversos factores: las determinaciones de orden histórico-estructural del desarrollo económico de Bolivia; las decisiones políticas tomadas a lo largo del tiempo, hasta el presente; y las decisiones que toma China, en el marco de su enfoque de expansión por el mundo.

Cuando decimos que se trata de una relación desigual, nos referimos a que China, al ser la economía más grande, se beneficia de su relación con Bolivia, más de lo que la segunda. En términos de intercambio, Bolivia tiene un déficit comercial con China, además que el intercambio consiste en el esquema clásico de dependencia: Bolivia exporta materias primas e importa bienes de consumo y de producción.

En lo que respecta al endeudamiento externo, China forma parte del top 5 de acreedores de Bolivia y es el primer acreedor bilateral. Este aspecto está vinculado con la participación de las empresas chinas en Bolivia pues, como señalamos en la presente nota, la condición principal que impone China para el otorgamiento de créditos es que se den condiciones preferenciales a empresas estatales chinas para la ejecución de las obras.

Pero las empresas estatales chinas no sólo se benefician de estos acuerdos, sino también por la ejecución de obras que son financiadas por el Estado boliviano, y por otros créditos que recibe el país de entidades financieras internacionales. Y, la ejecución de estas obras comprende flujos de capital ínfimos, por lo que la participación de China en los flujos de IED en el país es prácticamente nula.

En consecuencia, la participación de las empresas estatales chinas en la ejecución de múltiples obras en Bolivia es un aspecto más de la relación desigual que se ha establecido entre ambos países. Esto sin contar con los problemas que han surgido en algunas de estas ejecuciones, tema sobre el que ahondaremos en nuestros análisis posteriores.

 

 

[1] La principal empresa española en realizar las inversiones del tipo señalado es Repsol; mientras que, para el caso de Suecia, se trata de la empresa Tetra Pak.

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