Bolivia

Por qué analizamos las relaciones Sino-Bolivia

Observatorio de Inversiones Latinoamericanas, 08 de mayo de 2018

Conforme avanzamos en nuestro análisis sobre las relaciones Sino-Bolivia, con la finalidad de generar información de interés para la población, nos parece también importante realizar algunos apuntes para explicar los motivos detrás de nuestro trabajo. Si bien la información que generamos desde el Observatorio de Inversiones Latinoamericanas puede ser utilizada desde todos los frentes, esto no implica que carezcamos de una posición sobre el objetivo de nuestros estudios. Es por ello que en esta nota nos parece indispensable exponer los motivos de nuestras investigaciones.

Bolivia: una historia de relaciones desiguales

Un tema sobre el que hemos insistido en nuestras notas de análisis sobre la relación Sino-Bolivia, es el escenario de dependencia que se plantea para Bolivia. En la última década Bolivia profundizó su modelo primario exportador (hidrocarburos y minerales, sobre todo), mientras que el impulso a la diversificación de la economía fue más escueto. El problema que nos interesa señalar a este respecto no es únicamente la dependencia actual, sino la continuidad de esta situación.

Esta es la razón por la que decidimos hacer uso del concepto de dependencia, propio de la escuela estructuralista. La historia económica de Bolivia está marcada por relaciones desiguales con otras potencias, y de dependencia en los bienes primarios. Desde las exportaciones coloniales de mineral a la metrópolis, pasando por la predominancia de las exportaciones mineras durante el siglo XIX y XX, que transitaron de la plata hacia el estaño, hasta las exportaciones de quina y goma. Todos sectores que prosperaron, sin por ello significar un beneficio real para el país.

XX-Foto-Espacio-Simon-Patino_LRZIMA20141024_0130_4

Explotación minera de la Patiño Mines

En todos los casos la consecuencia general fue la misma: el establecimiento de un régimen capitalista de explotación precario, el empobrecimiento de las poblaciones y las regiones de donde se extrajeron estos productos y la fuga de capitales hacia las potencias que importadoras de bienes primarios. Y, ésta sigue siendo la característica fundamental del modelo primario exportador, profundizado en la última década en Bolivia. Ahora bien, se puede argumentar que una redistribución mejor controlada de los beneficios de estos sectores puede ser favorable. Pero no se trata tanto de la distribución de la riqueza (que además, en la última década ha sido ineficiente), como de la dependencia estructural en estos sectores económicos.

Los análisis que realizamos tienen como objetivo, por lo tanto, criticar la prosecución de estas relaciones desiguales. Si bien en el presente nos centramos en China, por tratarse de un país que en poco tiempo ha consolidado su posición como potencia económica global, esto no quiere decir que nuestro objetivo sea atacar a este país. El objetivo de nuestra crítica es señalar la continuidad de una relación desfavorable para Bolivia, que antes ya tuvo lugar con otras potencias. Se trata, por lo tanto, de una problemática estructural.

En nuestro análisis sobre la deuda externa de Bolivia con China, por ejemplo, señalamos dónde se origina la creciente relación de dependencia en términos financieros con China. En la década de los 90, cuando se negoció la primera condonación de la deuda externa (HIPC I), la condición para esto fueron las políticas de ajuste estructural neoliberal, que fueron puestas en marcha en los años posteriores, entre las que destacamos la profundización del modelo primario exportador, siguiendo la lógica de las ventajas comparativas. Esta profundización es hoy aprovechada por China, así como por otras potencias y corporaciones.

Lo mismo sucede con el comercio exterior: si antes del rediseño de la capitalización de YPFB (denominado “nacionalización”) eran corporaciones como Repsol y Petrobras que se beneficiaban de la extracción de hidrocarburos, en el presente son corporaciones francesas y rusas, entre otras. O, en lo que respecta a las empresas que son favorecidas para la ejecución de proyectos licitados públicamente. El punto no es apuntar al “antagonista” inmediato en el tiempo, sino dar cuenta de la contradicción estructural. A saber, la dependencia.

Sistema Mundo, desigualdad y dependencia

La problemática a la que nos referimos ha sido señalada tanto por los teóricos de la dependencia (Prébisch, Dos Santos, entre otros), como por los teóricos del Sistema Mundo (Wallerstein, Amin, Gunder Frank, entre otros): la prosecución de un modelo económico basado en la exportación de bienes primarios, sobre todo en el que son unos cuantos bienes los que predominan, es un obstáculo para el desarrollo económico de un país, porque posterga indefinidamente la posibilidad de desarrollar su base productiva.

Caricature_gillray_plumpudding

“El propio gran globo y todo lo que contiene es insuficiente para satisfacer su insaciable apetito” James Gilray 1805.

Aunque algunos de los señalamientos de estas reflexiones puedan resultar anacrónicos, la propuesta central continúa vigente. Es por ello que, para entender las relaciones Sino-Latinoamérica y Sino-Bolivia hemos insistido en el desarrollo diferenciado entre ambas partes. En el mismo periodo en que Latinoamérica dio su giro hacia el neoliberalismo, que significó en varios casos la profundización de la especialización en los bienes primarios, China decidió impulsar un desarrollo industrial sin precedentes.

Por lo tanto, el hecho que en el presente ingresemos en una relación desigual con China, no sólo tiene que ver con la necesidad de esta potencia de expandir sus mercados y ampliar sus proveedores de bienes primarios, sino también con la problemática estructural de nuestra dependencia en los bienes primarios. Problemática que no logró ser resuelta en los últimos diez años, considerando la ventana de posibilidad que significó el relativo auge económico de este periodo.

Esta misma problemática estructural explica la premura de las autoridades gubernamentales por explorar nuevas zonas de explotación de hidrocarburos, o la necesidad de emprender megaproyectos hidroeléctricos, con la contribución de empresas chinas, para ingresar en la exportación de energía. Todas, iniciativas que en el fondo prolongan y profundizan el problema estructural que señalamos: la dependencia. Y, en estos escenarios, son las potencias y corporaciones que detentan el know how y los recursos, las que sacan el mayor provecho.

En este sentido, nuestro uso de concepto propios del estructuralismo, para caracterizar la relación entre Bolivia y China, no apunta a una lectura que victimice a Bolivia frente a las potencias abusivas. Nuestro análisis intenta demostrar que la situación en que se halla el país, en términos de sus relaciones con potencias como chinas, es también el resultado de decisiones políticas adoptadas por los funcionarios de turno. Y, este aspecto también marca una continuidad con relación a cómo Bolivia se ha insertado en relaciones desiguales a lo largo de su historia, a partir de las decisiones de la élite en el poder de turno.

Evitar una “Sino-fobia”

Considerando todo lo expuesto hasta este punto, queda claro que nuestro interés no tiene que ver con repudiar la relación Bolivia-China, ni invocar con tono nostálgico la relación de Bolivia con otras potencias. En este sentido, nuestro análisis no pretende impulsar sentimientos peligrosos, de contenido xenófobo, hacia el país asiático y su población. Nos distanciamos de cualquier razonamiento conservador, como por ejemplo de culpabilizar a las poblaciones extranjeras por “la perdida de empleos” u otros males analizados de manera simplista.

what-shall-we-do-with-our-boys-3-march-1882

Caricatura sobre el desempleo causado por los migrantes chinos, 1882

El mundo siempre ha sido complejo y ha estado articulado. Y, en estas articulaciones se han tejido y re-tejido relaciones dispares, donde son élites locales y globales las que se benefician, a expensas de las poblaciones. Esto, lógicamente, no implica que estemos proponiendo un esquema de análisis maniqueo entre “buenos” y “malos”. Se trata, en todo caso, de apuntar una problemática estructural. El sistema mundo capitalista es desigual, y en la profundización de esta desigualdad son varios factores los que inciden.

Por ejemplo, en lo que respecta a la movilización de mano de obra china, el siglo XXI no es, de ninguna manera, el punto de partida. Durante el siglo XIX, grandes contingentes de mano de obra china fueron desplazados al continente americano para ser explotados en la construcción de las líneas férreas. Tal fue el caso de países como Canadá, Estados Unidos, México y Perú. Si antes eran las autoridades coloniales europeas las que impulsaban estos movimientos de migración económica, hoy son las élites corporativas y estatales en contubernio.

Chinese railroar workers 1883

Trabajadores chinos en la construcción de ferrovías, 1883

De cualquier manera, la respuesta a movimientos migratorios, determinados por relaciones económicas no pueden reducirse al rechazo simplista del migrante. Lo mismo sucede en el presente con la movilización de mano de obra calificada y no calificada china, hacia distintos países del mundo. La problemática de fondo son las relaciones económicas desiguales, globales y locales, que conllevan a estas dinámicas en primer lugar. Por lo tanto, el análisis debe necesariamente contemplar estos aspectos menos evidentes.

Un análisis de los aspectos menos evidentes implica también evitar las lecturas idealizadas que llevan a cabo funcionarios del Estado, cuando señalan, por ejemplo, que los créditos e inversiones de países como China y Rusia no vienen con condiciones. En la dinámica del capitalismo global no existen inversiones que no estén condicionadas. Pero, como mostramos con el caso de China, no todos los países exigen condiciones similares. Si bien instituciones como el BM, el BID, la CA, exigen el cumplimiento de ciertos estándares para otorgar créditos, China negocia contratos de exportación para dotarse de bienes primarios, o la contratación de empresas chinas para la ejecución de obras.

Ahora bien, cuando decimos China, no nos referimos a una entidad homogénea, con un interés único plausible de ser antagonizado. Se trata, como todos los países, de una sociedad desigual, con relaciones de poder ejercidas por un grupo dominante. En este caso, una élite política que también conforma la élite económica, de un país cuyo desarrollo fue posible a partir de la súper-explotación laboral de gran parte de su población. Y, la movilización de mano de obra a otros países debe entenderse a partir de estas relaciones de desigualdad también.

Entonces, nuevamente retomamos una de las conclusiones de nuestro artículo sobre la expansión de China en el mundo: no es el “otro” chino antagónico el objetivo de nuestra crítica, sino el carácter desigual del sistema mundial. Y, Bolivia se ha visto afectada por estas relaciones desiguales a lo largo de su historia económica, no sólo por la determinación de este sistema, sino también por decisiones locales de las élites políticas de turno. Si a la élite en el poder de finales del siglo XX le interesaba cultivar las relaciones con Estados Unidos, a la élite actual le interesa la relación con China y Rusia. En ambos casos, seguimos necesitando de un “patrocinador imperial”.

Son estas dinámicas y relaciones más complejas, menos evidentes, y que tienden a ser simplificadas por lecturas políticas rápidas, las que nos interesa analizar críticamente.

 

2 replies »

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s