Juan Pablo Neri, 07 de mayo de 2018

En la presente nota ofrecemos un comentario actualizado sobre la deuda externa de Bolivia, enfatizando en la relación Sino-Bolivia, a partir del informe anual sobre la deuda externa de 2017, publicado por el Banco Central de Bolivia, así como los reportes mensuales de enero, febrero y marzo de 2018.

La presente nota se divide en tres partes. Primero, realizamos un comentario sobre el estado de la deuda externa de Bolivia a marzo de 2018. A saber, la evolución de los saldos, la composición de acreedores y los nuevos montos contratados. Segundo, analizamos en el estado a marzo de 2018 de la deuda externa con china. Tercero, en esta ocasión ampliamos la discusión, para complementarla con los análisis que ya realizamos sobre el comercio y la participación de empresa chinas en el país.

La deuda externa de Bolivia en 2018

 En términos generales, la deuda externa no presenta importantes variaciones con relación a la información que analizamos, a partir del informe de junio de 2017: al 31 de diciembre de 2017, el saldo de la deuda externa alcanza la suma de 9.428,0 millones de dólares, alcanzando el 24,9% del PIB, y significando un incremento del 29,7% con relación a 2016. Este incremento se debió a un desembolso total de 2.396,7 millones de dólares.

El top 4 de los acreedores externos de Bolivia se compone principalmente por instituciones multilaterales (BID, CAF y BM), y por China en el cuarto lugar; esto sin contar los títulos de deuda, cuya inclusión posicionaría a China en quinto lugar. Por otra parte, el grueso de la deuda (96,4%) recae sobre el sector público no financiero, sobre todo el gobierno central (92,6%), a través del Tesoro General de la Nación. En lo que respecta al indicador de solvencia (deuda externa con relación al PIB) se mantiene estable, pero la tendencia es al incremento.

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El saldo de la deuda creció principalmente por un importante flujo de desembolsos, así como la emisión de Bonos Soberanos por 1.000 millones de dólares, lo que sumo un total de 2.396,7 millones de dólares. En lo que respecta al saldo de la deuda por desembolsar, al mes de marzo de 2018, este monto asciende a 5.227,1 millones de dólares.

A esto se debe sumar que en 2017 “se contrataron 24 créditos de deuda por un total de USD 3.162,0 millones, que incluye una emisión de Bonos Soberanos por USD 1.000,0 millones […] y la suscripción de 23 nuevos préstamos externos por un total de USD 2.162,0 millones” (BCB, 2018: 23). En esta gestión, los principales créditos bilaterales fueron contratados con Francia (244,8 millones de dólares) y Japón (554,1 millones). En lo que respecta a los prestamos contratados con instituciones multilaterales sobresalen el BID (579,0 millones), el Banco Mundial (330 millones) y la CAF (231 millones). Ahora bien, estos nuevos préstamos no se contabilizan en los saldos, sino en la medida en que son desembolsados.

En este entendido, según el reporte mensual sobre la deuda externa de marzo de 2018, al 31 de marzo se desembolsó un monto adicional de 171,5 millones de dólares, de los cuales 121,8 millones corresponden a prestamos multilaterales; y 49,7 millones corresponde a los préstamos bilaterales, donde destaca China con un desembolso de 49,2 millones.  Finalmente, el saldo por desembolsar de la deuda externa, a marzo de 2018 es de 5.227,1 millones de dólares, de los cuales 3.441,7 corresponden con prestamos multilaterales y 1.784,4 con prestamos bilaterales.

En suma, el saldo de la deuda externa, al 31 de marzo de 2018, es de 9.557,3 millones de dólares, representando el 23,1%. El saldo por desembolsar es de 5.227,1 millones. El volumen total de la deuda, si se suman ambos montos, es de 14.784,4 millones.

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Por otra parte, los principales sectores de destino de los créditos, de acuerdo con el reporte de diciembre de 2017, fueron: infraestructura vial, con un saldo de 3.963,1 millones de dólares; la partida denominada “multisectorial”, con un saldo de 1.771,7 millones; saneamiento básico, con un saldo de 639, 2 millones; y fortalecimiento institucional con un saldo de 577,3 millones.

En este marco, en 2017 se desembolsaron 659,4 millones de dólares para infraestructura vial, donde resaltan “el Proyecto Construcción del Tramo Central Doble Vía “El Sillar” con USD 72,4 millones y el Proyecto Carretera Rurrenabaque – Riberalta con USD 42,4 millones”, el proyecto carretero San Borja – San Ignacio de Moxos con 34,1 millones; y el Proyecto Tramo de Doble Vía Montero – Yapacaní en la ruta Santa Cruz – Cochabamba con 32 millones (BCB, 2018: 16).

Estos datos son importantes, porque nos sirven para comprender la discusión que elaboramos más adelante sobre la situación de la relación Sino-Bolivia.

Deuda externa con China

A inicios de 2018, China continúa siendo el principal acreedor bilateral de Bolivia. El saldo de la deuda con China al 31 de marzo de 2018 es de 1.042,1 millones de dólares. Por su parte, el saldo por desembolsar, de la deuda con China, es de 849,3 millones de dólares. Un elemento a considerar es que en 2017 no se contrataron nuevos créditos con China. Por lo tanto, el volumen total de la deuda externa con China, si sumamos ambos montos, asciende a 1891,4 millones de dólares.

En este marco, China continúa siendo el principal acreedor bilateral de Bolivia, a pesar de los créditos contratados con Francia (244,8 millones de dólares) y Japón (554,1 millones). Aunque no existan nuevos créditos contratados con este país, tanto el saldo de la deuda como el saldo por desembolsar todavía son los más altos de los préstamos bilaterales. Además, los datos del BCB todavía no incluyen el monto del proyecto Rositas, para el cual ya se firmó un contrato por 1.000 millones de dólares. La evolución del saldo de la deuda externa con China es el que más ha crecido, en comparación con los demás acreedores bilaterales.

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Por otra parte, un dato que nos permite continuar nuestro análisis crítico sobre la relación China-Bolivia se halla en el detalle de los desembolsos de 2017. Como señalamos en la sección precedente, en 2017 se desembolsaron 162,1 millones de dólares, monto que fue destinado a dos importantes obras carreteras: La construcción del tramo central de la Doble Vía “El Sillar”, con un monto desembolsado de 72,441,871 dólares; y un nuevo desembolso para la carretera Riberalta-Rurrenabaque de 42,406,123 dólares; además de un desembolso de 47,252,441 dólares para el sistema de comando y control para seguridad ciudadana.

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Este dato nos devuelve a otra discusión que desarrollamos en nuestro análisis sobre la deuda externa de Bolivia, que tiene que ver con cómo otorga créditos China: Los préstamos de este país, normalmente, comprenden menos condiciones que aquellos otorgados por los prestamistas “tradicionales”, a saber, no exigen cambios en la institucionalidad y/o políticas públicas específicas. En cambio, China otorga créditos a la espera de negociar, de manera paralela, contratos de exportación favorables para dotarse de materias primas; o, como es el caso de los desembolsos de 2017, para financiar obras donde sean empresas chinas las que se vean favorecidas para la ejecución.

En este entendido, todos los proyectos financiados por China han sido ejecutados por empresas chinas y/o han derivado en la compra de equipos chinos. En algunos casos, como señalamos en nuestra primera nota sobre esta temática, las ejecuciones derivaron en escándalos de corrupción, compras desfavorables para Bolivia, entre otros problemas. Sin embargo, esto no impidió que en noviembre de 2015 el gobierno estableciera, a partir del Decreto Supremo 2574, condiciones preferenciales para la contratación de empresas chinas, en proyectos financiados por este país. Esto, aunado al hecho que las empresas chinas que ejecutan estos proyectos son estatales, da lugar a un modelo de financiamiento donde China siempre gana.

A esta cuestión se debe sumar el hecho que las empresas chinas que operan en Bolivia no sólo son financiadas por el Estado chino, sino también por otros financiadores y el propio Estado boliviano. Esto se debe a que, además de los proyectos financiados por créditos chinos, siguiendo la afirmación del embajador Yu en la entrevista que le realizó ANF, las empresas chinas estarían ejecutando en Bolivia más de 60 contratos, por un valor de 7.000 millones de dólares.

A partir de una indagación inicial en los datos publicados por el SICOES, identificamos 15 contratos de proyectos carreteros que son, o fueron, ejecutados por empresas chinas, la mayoría financiados tanto por créditos chinos, como por otros financiamientos.

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Según los datos del SICOES, sólo en lo que respecta a los contratos de proyectos carreteros, identificamos que el monto de los contratos que ejecutan empresas chinas asciende a 2.700 millones de dólares. Las empresas chinas que ejecutan estos contratos son todas estatales. Es decir que, en última instancia, quienes se benefician de estos contratos son los ejecutivos de la burocracia oligarquizada en China. En una nota posterior, discutiremos más en detalle la participación de las empresas chinas en Bolivia.

En este caso lo que interesa apuntar es el hecho que las empresas chinas no sólo ejecutan los créditos que su país, sino también otros créditos, lo cual implica, entre otras cosas, que en las ejecuciones deben cumplir los estándares exigidos por cada financiador. Por otra parte, la suma de los contratos, que en este caso tan sólo contempla proyectos carreteros, es bastante superior al monto total de la deuda con China, incluyendo el saldo no desembolsado del monto total contratado (1.891,4 millones de dólares según el informe del BCBC a diciembre de 2017).

Deuda externa, crecimiento económico y comercio exterior.

Es importante retomar una cuestión que señalamos en nuestra primera nota sobre la deuda con China, que tiene que ver con los indicadores de solvencia. De acuerdo con los informes sobre la deuda externa del Banco Central de Bolivia, se consideran tres indicadores de solvencia: El primero y más importante establece que el saldo de la deuda debe mantenerse por debajo del 50% del PIB; el servicio de la deuda debe ser menor al 20% de las exportaciones; el saldo de la deuda debe ser menor al 150% de las exportaciones. Esto quiere decir que la sostenibilidad de la deuda depende de que su crecimiento no sea más favorable que el crecimiento de la economía ni de las exportaciones.

Por lo tanto, lo que corresponde es observar el estado de ambos indicadores. En primer lugar, el crecimiento de la economía, si bien ha sido favorable en la última década, ha presentado una tendencia a la baja desde el pico alcanzando en 2013. Si se considera en crecimiento anual del PIB a precios de mercado, la variación en 2017 fue de 4,2%. En promedio, entre 2006 y 2016, el ritmo de crecimiento del PIB ha sido del 5%, mientras que el de la deuda externa ha sido del 15%.

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La tendencia a la baja del ritmo de crecimiento del PIB es un dato relevante, sobre todo si se lo considera en relación al comercio exterior boliviano. Bolivia es un país que depende principalmente de sus exportaciones de bienes primarios, a saber, hidrocarburos y minerales. El tercer sector de exportación son las manufacturas, que en su mayoría dependen de los dos primeros sectores.

La continuidad del modelo predominantemente primario exportador pone al país en una situación de constante desventaja, ya que el éxito o no, en términos comerciales, depende de la demanda por bienes primarios de otros países. La tendencia a la baja en el ritmo de crecimiento del PIB se explica, en este sentido, por una caída en las exportaciones notablemente de bienes primarios, desde 2013.

La prueba de la dependencia en las exportaciones de los bienes primarios se observa en la evolución del comercio exterior por sector económico. La caída del total de las exportaciones, desde 2013, se debe principalmente a la caída en las exportaciones de hidrocarburos.

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Esta dependencia, así como la tendencia de los dos indicadores, no plantean un escenario positivo en lo que respecta a la sostenibilidad de la deuda. Si bien Bolivia está  todavía lejos de un escenario de insostenibilidad, el problema estructural sobre el que hemos insistido en nuestro análisis tiene que ver con la dependencia de Bolivia, que ha sido profundizada en los últimos años.

Aunque la utilización de estos conceptos propios del estructuralismo pueda parecer anacrónica, lo cierto es que es una dificultad todavía determinante para Bolivia. La relación que se establece entre China y Bolivia en el presente refuerza la dependencia de Bolivia, en un esquema donde la potencia asiática se beneficia más. No sólo en lo que respecta al endeudamiento externo, sino también en términos comerciales, y en términos de lo que ganan sus empresas ejecutando obras en el país.

[1] Esta suma varía, con respecto a los 1891,4 millones de dólares que señalamos en un párrafo anterior, debido al tipo de cambio que realizamos, para la elaboración de la tabla en dólares.

 

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