Bolivia

El enfoque de China hacia afuera ¿Una diplomacia anti-hegemonista?

Juan Pablo Neri Pereyra

Continuando con nuestro comentario sobre la entrevista realizada por ANF al embajador de China en Bolivia, Liang Yu, en la presente nota nos interesa destacar otra de las temáticas abordadas por el embajador: la diplomacia china. Durante el intercambio, Yu realizó varios señalamientos, caracterizando el enfoque de la diplomacia, mismo que analizamos en una publicación anterior sobre la expansión de China hacia el mundo. Los señalamientos realizados por Yu confirman muchos de los temas que discutimos en esa nota, por lo tanto, a continuación, los retomamos a la luz de la entrevista.

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Como señalamos en nuestra nota anterior, la diplomacia de este país consiste en objetivos pragmáticos/realistas, complementados por un discurso que constantemente invoca principios idealistas. La primera respuesta de Yu es una enumeración de estos principios y objetivos idealistas para caracterizar la aproximación de este país a Bolivia. En primera instancia, Yu señala que “China siempre se adhiere a la oposición al hegemonismo”, es decir China que no tendría objetivos geopolíticos claros o específicos de, por ejemplo, ocupar un lugar de potencia en el mundo.

En este entendido, los objetivos de China serían, por un lado, seguir “su propio camino de desarrollo, sin importar los modelos extranjeros sin exportar los de nuestro país. No pretendemos que otros países copien nuestra ruta de desarrollo”.  Por otra parte, “mantener en alto la bandera de la paz, el desarrollo, la cooperación y el beneficio mutuo, atender escrupulosamente a una política exterior cuyo propósito es salvaguardar la paz mundial y fomentar el desarrollo compartido […] con el fin de brindar un mundo caracterizado por la paz duradera, la seguridad universal, la prosperidad conjunta, la apertura y la inclusión, la limpieza y la hermosura”.

Estas afirmaciones coinciden con los documentos oficiales (White Papers) que analizamos en el especial sobre la diplomacia China, y que se refieren al desarrollo pacífico, complementario y al principio confucionista de la “armonía social”, que en el presente es un principio rector fundamental, tanto para la política interna como externa de China. Además, Yu también hace una referencia al pasado chino, que es un elemento que caracteriza el enfoque diplomático de este país en el presente: resaltar la grandeza de la civilización china, sobre todo en un dialogo plural con otras civilizaciones.

Esto se observa cuando se refiere a la relación entre China y Bolivia, y señala que uno de los factores para que las mismas estén pasando por un buen momento es: “el aprendizaje mutuo entre dos civilizaciones. Tanto China como Bolivia cuentan con civilizaciones antiguas y una larga historia. […]. La tradición de amistad entre los dos pueblos data de tiempos antiguos, lo cual proporciona una base sólida de opinión pública a favor del desarrollo de las relaciones bilaterales”. Esta referencia al pasado chino no es casual, ni tampoco una característica particular de la diplomacia China, sino que caracteriza el enfoque multiculturalista del capitalismo global.

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Los elementos anteriores sugieren que el enfoque diplomático chino sería predominantemente idealista. Empero, más adelante en la entrevista, Yu fue interrogado sobre la Ruta de la Seda y sobre la incidencia de esta gran iniciativa en la región latinoamericana y, en particular, en Bolivia. En el análisis que realizamos sobre la diplomacia china, señalamos a esta iniciativa como un proyecto que devela el carácter pragmático/realista de la misma, así como los objetivos geopolíticos de China.

Esta iniciativa no sólo tiene por objetivo expandir las rutas comerciales y el acceso a recursos naturales, sino también favorecer la presencia geopolítica de China en la región del Sudeste de Asia, el Océano Índico y Asia occidental. De hecho, estas regiones, sobre las que China tiene intereses específicos, no están libres de tensiones, como sucede en el Mar del Sur de China, por ejemplo, región de significativa importancia comercial sobre la que China reivindica soberanía, compitiendo con los países vecinos (Filipinas notablemente).

Al respecto de este tema, el embajador Yu destacó, en primera instancia, los aspectos positivos de la iniciativa, como si se tratara más bien de un proyecto de integración regional, antes que de expansión unilateral: “más de 100 países y organizaciones internacionales han participado en la construcción de la Franja y la Ruta por diferentes formas y más de 80 países y organizaciones internacionales han firmado acuerdos de cooperación con China. Y en el marco de esta iniciativa se han invertido más de 50 mil millones de dólares y han creado casi 200 mil empleos en los países involucrados”. Sin embargo, como notamos en una nota anterior, esta iniciativa responde a objetivos geopoliticos de China sobre el resto de Asia y el océano Índico.

Por otra parte, con relación a América Latina, señaló que la articulación a la iniciativa de la ruta de la seda brindaría “enormes oportunidades y un nuevo ímpetu para acelerar la cooperación sustancial entre China y América Latina y El Caribe”. Sin embargo, más allá de estos aspectos, que en realidad no dicen mucho sobre a quién favorecerá efectivamente la ruta de la seda, es necesario prestar atención a los datos que ofrece Yu a continuación.

Como suplemento a la iniciativa el embajador se refirió a los avances que ya han tenido lugar en la relación entre China y Latinoamérica: “La estructura comercial Sino-Latinoamericana ha mejorado aún más y el comercio agrícola se ha convertido en un nuevo punto de crecimiento para el comercio entre ambos lados. Más de 2 mil empresas chinas están operando en diversos campos de esta región”. Además: “China se ha convertido en el principal destino de exportación de Brasil y Chile, así como la tercera fuente de importación de esta región. América Latina y El Caribe se ha convertido en el segundo destino regional de inversión de China después de Asia”.

Estos datos deben ser abordados con prudencia. Como señalamos en nuestro análisis sobre la deuda externa de Bolivia con China, así como sobre la expansión de China en el mundo, el comercio Sino-Latinoamérica, debido notablemente a las políticas económicas contrastantes que fueron puestas en marcha ambos casos desde los años 80, ha consistido mayormente en el esquema tradicional de exportación de manufacturas de distinta gama de China y dotación de bienes primarios por parte de Latinoamérica. Ergo, se ha consolidado un esquema de dependencia.

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La tercera temática abordada por Yu, con respecto a la diplomacia china, tiene que ver con las relaciones entre China y Bolivia propiamente. Al respecto, Yu señaló que las relaciones entre ambos países estarían “entrado en la mejor etapa histórica”, debido a tres factores fundamentales: 1.- la confianza política, basada principalmente en “la atención de la promoción personal de los líderes de los dos países”. Esto, no obstante, no se refiere necesaria o únicamente a una afinidad en términos ideológicos, sino a la creciente cercanía diplomática entre los funcionarios de ambos países. 2.- La complementariedad económica, aspecto que se relaciona directamente con lo señalado con relación al comercio entre China y Latinoamérica. 3.- El aprendizaje mutuo entre civilizaciones.

En lo que respecta al tercer elemento, Yu señaló que estaría teniendo lugar una intensificación de los intercambios culturales entre ambos países. “Los intercambios de personal y de cultura han incrementado. “La fiebre de la cultura china” ha surgido en muchas partes de Bolivia. Cada vez más bolivianos considerando aprender chino como una moda”. Un mayor intercambio cultural entre ambos países es a priori deseable. De hecho, dinámicas como el incremento de flujos migratorios entre ambos países deben ser analizadas, en primera instancia, evitando caer en la xenofobia.

Esto mismo fue señalado por el embajador quien advirtió el peligro de una xenofobia hacia la comunidad china en Bolivia: “llamo a un tratamiento de los medios de igualdad a las empresas chinas y a la comunidad china en Bolivia, hay que conocer la corriente principal de la cooperación de China que ha traído grandes beneficios para el desarrollo industrial y elevar el nivel de vida del país”. En este punto coincidimos plenamente con el embajador. La xenofobia sería la respuesta más simplista a una temática que, como intentamos señalar, es bastante más compleja. La crítica debe realizarse sobre la posibilidad de un escenario de desigualdad y dependencia entre ambos países.

En este sentido, no se puede medir con la misma vara a la comunidad china (mano de obra en su mayoría) y a las empresas chinas. No se pueden equiparar poblaciones y relaciones sociales.

En efecto, las relaciones entre ambos países también se han caracterizado por momentos de tensión, quizás más visibles que los aspectos positivos resaltados por Yu. Como señalamos en nuestro análisis sobre la deuda externa con China, algunas de los proyectos financiados por China y ejecutados por empresas (estatales) chinas se han caracterizado por ejecuciones problemáticas o escándalos de corrupción. Por ejemplo, en el caso de la carretera Rurrenabaque-Riberalta por la China Railway Construction Corp., la ejecución de la obra ha estado marcada por denuncias de abusos a los trabajadores, así como por daños a la Biodiversidad.

Pese a estos problemas, Yu realizó una lectura propiamente diplomática sobre este tema, señalando que: “creo que son problemas comunes de todas las empresas extranjeras durante el proceso de cooperación con Bolivia [y que] Pese a todo, las empresas chinas lograron resultados sobresalientes en el cumplimiento de los reglamentos y leyes locales y en la contribución a las comunidades locales”. En este punto se halla la diferenciación que hay que llevar a cabo. Son las empresas y los Estados los que deben ser sometidos a un escrutinio más estricto, y no así la comunidad china como una entidad homogénea.

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A modo de concluir el presente comentario retomamos algunas de las conclusiones de nuestra nota sobre China en el mundo. Detrás de la referencia a los principios de cooperación, desarrollo complementario y oposición al hegemonismo, con los que China caracteriza a su diplomacia, se halla una política exterior bastante pragmática/realista. Esto no debe sugerir una política exterior propiamente hegemonista, del tipo que llevó a cabo Estados Unidos en la región desde la doctrina Monroe, sino que simplemente China ha sabido leer la dinámica geopolítica global. Esto no quiere decir tampoco, que China no tenga objetivos geopolíticos expansionistas, por ejemplo, en el sudeste de Asia, con la iniciativa de la ruta de la Seda.

Desde que este país puso en marcha las reformas a su economía, comprendió que, para competir en un mundo multipolar y salir de la condición de periferia, debía fortalecer su base productiva. En contrapartida, como señalamos en otra nota, los países de Latinoamérica, desde el Consenso de Washington profundizaron su especialización como exportadores de bienes primarios, dinámica que no cambió con el advenimiento de los gobiernos progresistas. Este contraste es el contexto que China supo aprovechar, en lo que respecta a las relaciones Sino-Latinoamérica. Esto quiere decir que mucho de lo que molesta a la opinión pública, en el presente, sobre las relaciones Sino-Bolivia, es el correlato de una continuidad de las políticas económicas de finales del siglo XX.

El tema de la diplomacia china es, sin lugar a dudas, un tema que debe complejizarse mucho más. Pero un aspecto principal a considerar, a la hora de analizar la política exterior de este país y carácter realista, es que China trabaja principalmente por sus propios intereses, tanto comerciales como de desarrollo productivo interno.

 

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